Culo precioso para la vecina que al ser espiada invita a coger al mucacho a quien vuelve loco con sus pies. El fisgón del barrio está enamorado de esa rubia que espía cada día cuando hace yoga, ella lo sabe, disfruta el juego, dejando las cortinas abiertas se desnuda y toca, luego una ducha donde él se atreve a entrar. Vergüenza al ser descubierto y desconcierto cuando le pide que saque la verga. El polvo casi le acalambra la verga de la calentura que durante tanto tiempo ha juntado.